Cuando vas al médico, lo habitual es que la consulta empiece con un «¿por qué?»
Es el motivo de consulta.
Tu médico, si estás de suerte y no está quemado todavía por el sistema y pasa de ti, buscará la causa, o sea, el diagnóstico.
Y cuando encuentre el diagnóstico te propondrá un tratamiento para solucionar o, al menos, mejorar tu dolencia.
Pero hay otra pregunta igual (o más ) importante, que requiere un poco más de los 5 minutos por paciente que muchas veces tiene tu médico para atenderte, y no es siempre fácil de contestar para el propio paciente:
«PARA QUÉ»
Que es la motivación profunda que tienes para solucionar tu problema.
Por ejemplo:
-«¿En qué puedo ayudarte, joven?»
-«Me duele el hombro»
…..
«y ¿Qué es lo que quieres hacer y NO PUEDES por ese dolor?»
(En mis Historias Clínicas la parte más importante es donde pongo: «TE VOY A AYUDAR A…»)
Conocer las motivaciones profundas de nuestros pacientes es esencial, pero requiere darle a nuestro paciente tiempo para la reflexión.
Y la respuesta a esa pregunta es esencial si queremos ayudarlo de verdad:
Para un opositor a bombero, superar las pruebas físicas es lo que va a determinar su futuro, mientras que para una abuelita lo es poder llevar una vida independiente o poder levantar a su nieto en brazos.
Sólo sabiendo lo que queremos conseguir sabremos si hemos tenido éxito y somos capaces de HACER FELICES a nuestros pacientes.
A veces, si el objetivo no puede conseguirse, hay que ayudar al paciente a reformularlo para convertir un fracaso en un resultado satisfactorio.
Te lo digo con mi experiencia como médico y también como paciente:
Prueba a cambiar el «¿por qué?» ( ¿Por qué ha tenido que pasarme esto a mí?»?)
en un «¿para qué?»: «¿PARA QUÉ QUIERO RECUPERARME?» y reflexiona sobre lo que hace que vivir merezca la pena.
…
Y, a pesar del dolor, volverás a sonreír.


